RIESGOS LABORALES MÁS HABITUALES EN TRABAJOS DE REHABILITACIÓN DE EDIFICIOS

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06/04/2026. La rehabilitación de edificios se ha convertido en una actividad clave dentro del sector de la construcción. La mejora energética y la accesibilidad, entre otros factores, impulsan cada año cientos de intervenciones en edificaciones antiguas. Sin embargo, este tipo de trabajos presenta riesgos laborales específicos que requieren un enfoque preventivo más riguroso que en obra nueva.


A diferencia de las construcciones desde cero, en la rehabilitación se trabaja sobre estructuras existentes, muchas veces deterioradas, con instalaciones antiguas y en entornos habitados. Por ello, identificar los riesgos laborales más habituales en trabajos de rehabilitación de edificios y vincularlos con medidas preventivas concretas resulta fundamental para responsables de obra, técnicos y encargados.


¿Por qué la rehabilitación de edificios presenta riesgos específicos?


La rehabilitación implica intervenir sobre estructuras cuya estabilidad puede estar comprometida por el paso del tiempo, la humedad, la corrosión o intervenciones anteriores mal ejecutadas. Además, en muchas ocasiones entran en juego otros factores clave, como que se acostumbra a trabajar en edificios ocupados, también suelen existir instalaciones eléctricas antiguas no documentadas, que pueden aparecer materiales peligrosos como amianto o pinturas con plomo, sin mencionar la multitud de ocasiones en las que los espacios son reducidos o de difícil acceso. 


Un ejemplo claro suelen ser las reformas de cubiertas que se hacen en edificios antiguos en centros urbanos, en las que se suelen encontrar vigas de madera debilitadas. En estos casos, ponerse manos a la obra sin una evaluación estructural previa, hace que el riesgo de colapso parcial aumente considerablemente.


Principales riesgos laborales en trabajos de rehabilitación


Caídas en altura


Las caídas en altura son uno de los riesgos más graves y frecuentes en rehabilitación, especialmente en trabajos de cubiertas, fachadas y patios interiores. En este punto, es importante tener en cuenta que en muchos edificios antiguos no existen líneas de vida, ni sistemas de anclaje permanentes. Además, las superficies pueden ser frágiles, presentando tejas deterioradas, placas translúcidas o forjados debilitados.


Entre las medidas preventivas más comunes y recomendadas, están las siguientes:


- Instalación de barandillas y redes de seguridad.
- Uso de sistemas anticaídas con puntos de anclaje certificados.
- Verificación previa del estado estructural de cubiertas.

Caídas al mismo nivel


En rehabilitación abundan escombros, materiales almacenados de forma provisional, cables y desniveles no señalizados. Las caídas al mismo nivel suelen producirse por superficies irregulares, por presencia de restos de demolición, y por causa de pavimentos resbaladizos ocasionados por agua o polvo, entre otros factores. 


En este caso, la medida preventiva asociada clave es el orden y limpieza continuos del área de trabajo, la delimitación de zonas de paso y el uso de un calzado de seguridad que garantice que la superficie no sea peligrosa. 


Derrumbes y desprendimientos


Uno de los riesgos más característicos de la rehabilitación es el derrumbe parcial de elementos estructurales o desprendimientos de fachada. Al eliminar muros o modificar forjados, pueden alterarse cargas estructurales si no se cuenta con una debida planificación técnica. En estos trabajos resulta especialmente relevante realizar un curso de PRL en demolición y rehabilitación, donde se abordan procedimientos específicos, técnicas seguras de intervención y medidas preventivas adaptadas a estos entornos.


Por hacer un primer análisis, en estos casos es imprescindible contar con un estudio estructural previo, que a su vez contemple apeos y apuntalamientos certificados. Además, también será clave que exista una secuencia controlada de demoliciones, en lugar de hacerlas todas en un mismo periodo de tiempo.


Exposición a polvo y sustancias peligrosas


En trabajos de rehabilitación es común la generación de polvo de sílice cristalina, especialmente en tareas de corte o demolición de hormigón. Además, como comentamos anteriormente en este mismo artículo, no es extraño que aparezcan materiales como el amianto en cubiertas o bajantes, pinturas con plomo, o aislamientos antiguos con fibras peligrosas.


En estos casos es muy importante contar con sistemas de aspiración localizada, utilizar mascarillas con el filtro recomendado, y diseñar protocolos específicos en cuanto se identifiquen determinados materiales peligrosos (como es el caso del amianto, por ejemplo). 


Riesgos eléctricos


En rehabilitación es frecuente que se den escenarios en los que se trabaja sobre instalaciones antiguas sin planos actualizados. Esto resulta en cables ocultos, derivaciones improvisadas o cuadros eléctricos obsoletos que incrementan el riesgo de que se produzca una descarga no deseada.


Las medidas preventivas asociadas en estos casos tienen que ver con el corte y consignación de la instalación, la verificación de ausencia de tensión y el uso de herramientas aisladas. En cualquier caso, es altamente recomendable contar con un especialista en prevención de riesgo eléctrico.


Uso de maquinaria y herramientas

La utilización de martillos eléctricos, radiales, plataformas elevadoras o miniexcavadoras en espacios reducidos aumenta el riesgo de atrapamientos, golpes y proyecciones. Para prevenir este tipo de accidentes, será clave que el operario esté formado específicamente en seguridad y que se realicen revisiones periódicas, así como también que tanto equipos humanos como materiales dispongan de una supervisión exhaustiva. 


Medidas preventivas en obras de rehabilitación


En los trabajos de rehabilitación, la prevención requiere de una planificación integral desde la fase de estudio técnico hasta la ejecución final. Como ya venimos repasando en este mismo artículo, la particularidad de intervenir sobre estructuras existentes obliga a anticipar escenarios de riesgo cambiantes, donde cada fase del proceso puede modificar las condiciones iniciales de seguridad.


Las condiciones y retos a los que se enfrentan los técnicos que trabajan en estos entornos, exigen un enfoque dinámico, donde la supervisión continua y la revisión constante de las medidas preventivas forman parte del día a día de la obra.


Protección colectiva


En cualquier intervención, la prioridad debe ser siempre la protección colectiva frente a la individual. La instalación de sistemas de protección física que actúen sobre el conjunto de los trabajadores reduce significativamente la probabilidad de accidentes graves. En rehabilitación de fachadas o cubiertas, por ejemplo, la correcta instalación de andamios certificados y anclados estructuralmente estabiliza la zona de trabajo y mejora la eficiencia operativa. Del mismo modo, la colocación de redes perimetrales y sistemas de contención de escombros evita que desprendimientos accidentales afecten tanto a operarios como a terceros.


En edificios habitados, estas protecciones cobran aún más relevancia. Un simple desprendimiento de material sin sistema de contención puede tener consecuencias graves para viandantes o vecinos. Por ello, la protección colectiva debe diseñarse específicamente para cada intervención, teniendo en cuenta el entorno urbano y el tránsito de personas.


Equipos de protección individual (EPI)


Cuando el riesgo no puede eliminarse completamente mediante medidas colectivas, los equipos de protección individual se convierten en la última barrera frente al accidente. En trabajos en altura, el uso de arneses anticaídas con líneas de vida certificadas es imprescindible cuando no existen protecciones perimetrales suficientes. En tareas de demolición parcial, el casco con barboquejo evita su desprendimiento accidental, mientras que la protección ocular protege frente a proyecciones de partículas.


La protección respiratoria adquiere especial importancia en rehabilitación, donde la generación de polvo de sílice o la manipulación de materiales antiguos puede suponer exposiciones prolongadas. En estos casos, no basta con proporcionar el equipo: es necesario que el trabajador conozca su correcta colocación, mantenimiento y limitaciones.


El error más frecuente en este ámbito no suele ser la ausencia de EPI, sino su uso inadecuado o la falta de adaptación al riesgo real de la tarea que se está ejecutando.


Planificación y evaluación de riesgos


La base de cualquier actuación preventiva eficaz en rehabilitación es una evaluación de riesgos específica y actualizada. Cualquier tarea de rehabilitación suele desarrollarse en fases, sencillamente porque cada nueva fase puede alterar las condiciones de estabilidad, accesibilidad o iluminación del espacio de trabajo. Por ello, la evaluación de riesgos debe revisarse de forma periódica y adaptarse a los cambios que se produzcan durante la ejecución.


Señalización y control de accesos


En obras de rehabilitación, especialmente en entornos urbanos o edificios en uso, el control de accesos es un elemento clave de la prevención. La correcta delimitación de zonas de trabajo mediante vallado, cartelería visible y señalización de riesgo evita que personas ajenas accedan a áreas peligrosas. En comunidades de propietarios, por ejemplo, la coexistencia entre vecinos y operarios obliga a establecer itinerarios seguros y horarios coordinados para minimizar interferencias.


Una señalización clara refuerza la percepción del riesgo y reduce comportamientos imprudentes. Además, facilita la actuación rápida en caso de emergencia, al permitir identificar salidas, puntos de reunión y zonas restringidas.


Importancia de la formación en PRL en trabajos de rehabilitación


La rehabilitación de edificios debe abordarse con la complejidad técnica que merece. Y como tal, es imprescindible una capacitación específica adaptada a este tipo de intervenciones.


Desde el punto de vista legal, la normativa exige que el trabajador reciba una formación adecuada a los riesgos de su puesto. Pero, más allá de la obligación normativa, la formación en rehabilitación cumple una función operativa esencial: permite anticipar situaciones críticas que no suelen presentarse en obra nueva.


Contar con cursos prl especializados garantiza que los profesionales comprendan las diferencias entre intervenir sobre un solar vacío y hacerlo sobre una estructura consolidada con patologías previas. 


La experiencia demuestra que muchos accidentes en rehabilitación se producen por subestimar riesgos derivados del estado del edificio. Una formación especializada corrige esta tendencia y fortalece la cultura preventiva en obra.


Conclusión: prevención como eje central en la rehabilitación de edificios


La rehabilitación de edificios es una actividad imprescindible que moderniza, conserva y adapta el parque inmobiliario que ya existe. Sin embargo, su ejecución conlleva riesgos laborales específicos que superan, en muchos casos, los de la obra nueva.


Para responsables de obra y técnicos del sector construcción, integrar la prevención como eje central del proyecto protege la integridad de los trabajadores y, al mismo tiempo, asegura la viabilidad técnica de la intervención.


En rehabilitación, la prevención es un trámite indispensable administrativo, pero a la vez es una condición indispensable para trabajar con seguridad sobre lo ya construido.

 

Fuente: Formación Prevención

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